LAS CLAVES PARA ENTENDER POR QUÉ VENUS PODRÍA ALBERGAR VIDA

Aunque hay que tratar la noticia del hallazgo de fosfina con mucho cuidado, porque este compuesto no tiene por qué significar que hay vida en Venus, sí que es interesante conocer un poco más a nuestro planeta vecino. Aunque se dice que Venus y la Tierra son planetas gemelos, por lo mucho que se parecen, en realidad hay muchas diferencias entre ambos. ¿Cómo es Venus? ¿Por qué es tan difícil que haya vida en su superficie?

Venus, la Tierra y Marte son los tres planetas más similares que hay en el sistema solar. Mientras Marte es un planeta sin actividad, Venus sí que tiene. Incluso cuenta con actividad volcánica, como ocurre en la Tierra. El tamaño de Venus es muy similar al de nuestro planeta, al igual que su estructura. Es más, todo apunta a que “hace 4.000 millones de años la atmósfera debió de ser muy similar a la que por aquel entonces tenía la Tierra”, indican desde el INTA. Y si fue similar a la de la Tierra, podría haber albergado vida en aquel momento.

Como curiosidad, Venus tarda 243 días en rotar sobre sí misma y 225 días en girar alrededor del Sol. Así que sí, un día en Venus es más largo que un año, tal y como explica la NASA. Otras curiosidades son que no tiene ninguna luna orbitándola o que gira en dirección contraria a la Tierra y al resto de planetas.

Debido a su cercanía con la Tierra, nos separan unos 40 millones de kilómetros en su punto más cercano y se puede ver el planeta en nuestro cielo con mucha frecuencia. Para entendernos: la Luna se encuentra, más o menos, a 384.000 kilómetros de la Tierra mientras que Marte, en su momento más cercano a nuestro planeta, se encuentra a 56 millones de kilómetros. Venus se lleva observando en el cielo desde la antigüedad y la mayoría de las veces ni siquiera hace falta telescopio para verlo. Aunque siempre es mejor este instrumento para poder observarlo con más detalle.

¿Puede albergar vida Venus?
Venus es el segundo planeta del sistema solar, pero es el más caliente de todos. Uno podría esperar que fuera Mercurio, al estar más cerca del Sol. Sin embargo, la gran cantidad de CO2 en su atmósfera hace que el calor se quede atrapado y no salga hacia fuera. Ya sabemos que el CO2 es un gas de efecto invernadero, es decir, es el culpable tanto del cambio climático en la Tierra como de que la superficie de Venus tenga temperaturas de unos 450 grados centígrados, tal y como midió la sonda soviética Venera 7 y que ha sido comprobado en otras misiones internacionales posteriores. “Esta temperatura es suficientemente elevada como para derretir el plomo”, ilustran desde el INTA. Además de CO2, hay una pequeña proporción de nitrógeno en su atmósfera.

Además de unas altas temperaturas en su superficie, el segundo planeta del sistema solar cuenta con una presión de entre 75 y 100 atmósferas. Si tomamos como referencia la presión atmosférica que existe a nivel del mar en la Tierra, que es de 1 atmósfera, podemos imaginarnos la gran diferencia que hay entre nuestro planeta y Venus. Por lo que sería equivalente a la presión que hay en la Tierra a 1.600 metros bajo el mar.

Además, la superficie de Venus está cubierta por una densa capa de nubes. Tan densa que “tiene 20 kilómetros de espesor”, indica el INTA. “Dicha capa nubosa esta formada por polvo de azufre y ácido sulfúrico procedente de erupciones volcánicas. Estas nubes se desplazan de este a oeste, a una velocidad de 350 km/h”. Pero esto no es todo:

“La capa nubosa de Venus refleja el 80% de la luz que llega del Sol. El 20% de la luz restante alcanza la superficie y es emitido al exterior en forma de rayos infrarrojos. No obstante, el CO 2 es opaco a la radiación infrarroja, es decir, retiene la totalidad la energía emitida por la superficie del planeta. Esto tiene como consecuencia un fuerte incremento de la temperatura”.

Toda esta situación hacen de este planeta un lugar muy difícil para la vida. O, al menos, eso creíamos hasta ahora. De hecho, si tuviéramos que imaginarnos el infierno, probablemente se parecía a Venus. Sin embargo, incluso en el infierno (o en lo que se llaman ambientes extremos) crecen algunos tipos de microorganismos, conocidas como extremófilos. Los extremófilos viven en condiciones muy difíciles para la vida. De hecho, en la Tierra conocemos varias zonas en las que existen. Por eso, no es de extrañar que, incluso en el planeta vecino se puedan encontrar. Pero, como decíamos, no podemos quedarnos solo con la fosfina como señal de que sí existe, hay que buscarla bien.

Misiones a Venus
Toda esta información sobre Venus la conocemos gracias a la visita de varias sondas y orbitadores. Las agencias soviética, estadounidense y europea han enviado diversas misiones al planeta más cercano a la Tierra. Desde la serie Venera de Rusia hasta las Mariner de Estados Unidos pasando por la Venus Express de la ESA. Todas han contribuido a conocer más y mejor a nuestro vecino más cercano. Incluso la agencia japonesa, JAXA, envió tres misiones: Akatsuni, IKAROS y UNITEC-1.

Ahora que sabemos de la existencia de la fosfina en Venus, lo más probable es que se pongan en marcha nuevas misiones de cara a comprobar la existencia (o no) de estos microorganismos. ¿Qué otros nuevos descubrimientos haremos a partir de esta posibilidad?

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